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30 años de Circo

Sábado 7, junio 2008

Montreal (Canadá), Álvaro FAES,
enviado especial de LA NUEVA ESPAÑA
Montreal no falla a la Fórmula 1 y la Fórmula 1 no le falla a Montreal. Son uno de los matrimonios más sólidos del Gran Circo. Con la de este fin de semana, serán treinta las carreras disputadas en la mayor ciudad de la región de Québec. Mañana se alcanzará otra cifra redonda: 40 ediciones del GP de Canadá. Los primeros diez se disputaron entre los circuitos de Bowmanville, en Ontario y Saint-Jovite, en Québec. En 1978, el piloto local Gilles Villeneuve estrenó a lo grande el estreno de Montreal. Desde entonces, la carrera no ha cambiado de escenario, creándose una simbiosis entre la ciudad y el acontecimiento deportivo difícil de repetir en otros lugares.
La isla de Notre Dame no era ayer el lugar más agradable de Montreal. El día amaneció ventoso, con algo de agua y muy nublado. Una jornada gris, nada agradecida para el espectáculo. Fieles a sus costumbre, miles de aficionados abarrotaron las gradas para los entrenamientos libres. Lo que en otros circuitos es cemento y asientos vacíos fue ayer una gran entrada. La ciudad vive volcada con la carrera y no iba a darle la espalda sólo por una jornada desagradable.
Al pie del Casino de Montreal, el circuito Gilles Villeneuve anticipó ayer el hervidero que será durante el fin de semana. Los puentes Jacques Cartier y de la Concordia, sobre el río Saint Laurent, unen la ciudad y el islote donde se enclava el trazado. Por allí peregrinaron los aficionados más ansiosos, los que paladean la Fórmula 1 desde los primeros ensayos del viernes. Junto al canal de las competiciones de remo de los Juegos de Montreal 76 crece el paddock del Gilles Villeneuve. Una estrecha lengua de asfalto donde se apelotonan los garajes de los equipos y unas modestas instalaciones de hospitalidad. Aquí no hay lugar para las suntuosas caravanas portátiles que las escuderías mueven por Europa. Pero a la Fórmula 1 le merece la pena llegarse hasta Montreal. Son un complemento perfecto. El año pasado, 303.000 espectadores acudieron al circuito durante todo el fin de semana. Estuvo lejos de los 334.000 de 2005, pero no estuvo mal para ser la primera vez que no participaba el ídolo local, Jacques Villeneuve.
El acontecimiento deja buenos réditos en la ciudad. Montreal, reconocida como una de las urbes más europeas de América del Norte, se echa a la calle este fin de semana. Aunque el tiempo acompaña poco, el invierno extremo, con temperaturas medias de diez grados bajo cero, hace tiempo que está olvidado. La vida se desarrolla en la calle. Las terrazas de los restaurantes aparecen abarrotadas y el viejo Montreal bulle al ritmo de los espectáculos callejeros y la música en directo. La calle Peel es la principal referencia. Ayer estaba cerrada al tráfico para poder albergar una concentración de ferraris. Un poco más allá, en Crescent, un impresionante escenario a cargo del equipo Honda despedía música en directo y dos calles más abajo, unas modelos pasaban los diseños que se presentan en la semana de la moda de Montreal, perfectamente dispuesta al mismo tiempo que la carrera de coches.