Álvaro faes
Valencia enviado especial de La nueva españa
«Hay gente que se está largando ya, ¿qué bien, no? Asumida la decepción por el accidente de Alonso, el voluntario calculaba que podría salir del circuito un poco antes de lo esperado. Se lo confesaba a su compañero en el pupitre de bienvenida del centro de prensa, ignorante de que había más oídos que escuchaban. «Cuatrocientos euros a la basura», murmuró algún desairado en la tribuna. Muchas entradas las vende Alonso solito y sin él, ya no hay carrera. Ni siquiera importa que esta temporada no gane, pero por lo menos debe estar en el asfalto. Por eso obligó a los mecánicos a emplearse a fondo en el monoplaza, aunque ya nada podría hacer si es que regresaba a carrera. El esfuerzo fue baldío porque los daños trascendían del alerón y afectaban al cambio y a la suspensión.
Mientras en Renault querían restañar las heridas del R28, el coche rojo de Felipe Massa ya apuntaba a ganador. Así fue, para prolongar la desgracia de un Raikkonen a la baja y para confirmar a Hamilton, segundo ayer tras el brasileño, un poco más fuerte en el liderato del Mundial de 2008.
La experiencia urbana de Alonso resultó decepcionante y breve. Veintiocho segundos duró su aventura, aunque esta vez por causas ajenas. Es lo que tiene hacer una clasificación discreta el sábado. Que el riesgo aumenta al inicio de la prueba. En la melé en busca de posiciones, Alonso se adelantó a Nakajima. Tímidos aplausos en el campamento de Renault y efímera alegría entre la guardia pretoriana del astur, al comprobar que el Toyota de Glock se colaba por delante del Renault. La pantalla de tiempos levantó las primeras sospechas al paso por el primer sector y un pinchazo breve en la cámara a bordo del coche número cinco enseñó que Alonso no llevaba buen ritmo. Decepción en el cuartel general del equipo y resignación por el golpe del destino, precisamente en la carrera de casa.
Los frenazos de los primeros virajes cogieron despistado al japonés Kazuki Nakajima, que casi subió su Williams a la chepa del R28. El alerón trasero del Renault salió por los aires y ahí se terminó la carrera de Alonso. Aguantó como pudo para completar la vuelta y llegar hasta el garaje, con la esperanza de que pudieran sustituirle la pieza. Pero los daños eran mayores y con la suspensión y el cambio tocados tuvo que abandonar.