En el corazón del R-28

No se llevó ningún plano cuando dejó Airbus y cruzó el charco para instalarse en Seattle (Estados Unidos) y empezar a trabajar para Boeing. Es como jugar en el Barcelona y fichar por el Real Madrid, pero en el mundo de la aeronáutica. Lo que no pudo fue resetear su cerebro, borrar los conocimientos adquiridos. Por eso, aunque lo condena, aplica ese tipo de matices a los recurrentes asuntos de espionaje en la Fórmula 1. Borja Rendueles, de 29 años, asturiano de Villaviciosa, trabaja desde julio en el próximo monoplaza de Fernando Alonso, en el corazón del R-28, la nueva joya que prepara Renault para borrar un año aciago. En la fábrica de Enstone, muy cerca de Oxford, completa intensas jornadas de trabajo. Estudió Ingeniería Aeronáutica en Madrid, pasó por los dos colosos de la aviación y el pasado verano dio el salto a la Fórmula 1, su verdadero sueño.

«Alonso te da la seguridad de que no vas a fallar». Es una reflexión que explica por qué el asturiano ayuda tanto en la mejora de un monoplaza. Hasta en McLaren se lo reconocieron al poco de llegar. «Imprime al equipo un plus de competitividad», dijo en su día Martin Whitmarsh, segundo en el escalafón de McLaren, cuando todavía se guardaban las apariencias. Borja Rendueles llegó a Renault en julio. Superó el proceso de selección y se puso manos a la obra con el R-28. «El coche del año pasado ni lo toqué», aquél que nunca se adaptó a los neumáticos Bridgestone, el monoplaza del que el túnel del viento extrajo cálculos erróneos que dieron al traste con la temporada y de paso con el crédito de Giancarlo Fisichella, al final parece que no tan culpable como se le quiso presentar. La Fórmula 1 ya tiene dos asturianos. Uno a los mandos y con dos títulos mundiales en el bolsillo, y otro en el lado contrario, en la trastienda del circo. El destino los ha puesto en el mismo equipo para la próxima temporada, aunque Rendueles, de momento, no estará en el grupo de trabajo que se desplace a las carreras y desarrollará su labor en la fábrica de Enstone. Su parcela de trabajo está en el chasis, «más en el cálculo que en el diseño». Sus números estiman datos sobre pesos o rigidez de piezas, «en lugar de diseñar una pieza nueva, digo si la que sale va a servir o no», versión simplificada de su trabajo. Últimamente, anda de cabeza con la suspensión, uno de los elementos que más variación presentará respecto al monoplaza de este año.

La rigidez de las normas en Renault impide a los empleados desvelar detalles de su trabajo en la fábrica. Borja Rendueles las cumple a rajatabla, pero sí admite que en la escudería son «optimistas» con los avances que han probado en el nuevo coche. «Pinta bastante bien y tiene buenos resultados en la simulación», y a partir de ahí es donde el asturiano explica el sueño de cualquier ingeniero de competición. «Si lo pones en pista y encima llega alguien de la talla de Alonso y te dice que cambiando aquí y allá va a ir mejor, te da todavía más confianza. Si lo dice otro piloto, te quedan más dudas, piensas que puede ser cierto pero, ¿se estará equivocando?».

Y con esa reflexión Rendueles no pretende desmerecer a ningún otro piloto. «Aquí se respeta mucho a Kovalainen, es muy querido, pero Alonso dice que es lo que hace el coche y luego tú, como ingeniero, ya sabrás lo que tienes que hacer para que eso cambie».

La confirmación de Fernando Alonso como futuro piloto de Renault actuó como acicate en la fábrica de Renault, donde hace tiempo que subyacía la sensación de este desenlace, pese a los vaivenes de las últimas semanas. «La gente está muy ilusionada porque nos servirá de guía», cuenta Borja Rendueles, que ve en la llegada del bicampeón un aliciente para su trabajo. «Siempre da alegría tener a un español en el equipo, y más que se trate de un asturiano. Mi padre, que también estuvo metido en el mundo del motor, tiene relación con su familia». Pero, cuestiones sentimentales aparte, el ingeniero asturiano matiza que su objetivo siempre fue llegar a la Fórmula 1. «No estudié una ingeniería por un piloto, aunque la preferencia por Alonso existe».

Su camino en el «gran circo» no ha hecho más que empezar. Una vez metido en el mundillo, surgirán nuevas oportunidades, aunque, de momento, no se moverá de Oxford. «Estoy en el grupo de diseño, así que me quedaré en la fábrica. No iré a las carreras, en un principio, lo que no quita que, puntualmente, pueda estar en alguna». Aunque le gustaría dar el salto, dice que lo ve como un trabajo duro. El suyo es más convencional. «Tengo mucho trabajo, casi sin horario, y voy algún sábado; nada que ver con llegar de un viaje desde Brasil e ir directamente a preparar un informe». Ahora, con el coche casi terminado, levantan un poco el pie hasta que llegue el bautismo en la pista del R-28. «Ahí vendrá otra vez una carga importante, cuando tengamos los datos después de que haya rodado».